Cuando se necesita, se busca, o simplemente se espera la llegada de esa persona amada, la mezcla de sentimientos crea una combinación de emociones agridulces que a veces no sabemos describir. Estos dos poemas de 1988 y del 2000 reflejaban esta extraña mezcla.
« Quizá hoy »
Quizá hoy no sea día de morir
o de atravesar desiertos blancos.
Quizá hoy no sea día
de abrazarme a tu cintura
o de perderme entre tus labios.
Quizá hoy no sea día
de explotar en tus sentidos
o de incendiar cielos nuestros.
Quizá hoy no sea día
de plática inconclusa
o tan siquiera de un beso.
Quizá hoy
no sea del todo día
porque ya empieza a oscurecer.
Este no es día en absoluto
porque ya se nos ha hecho de noche.
Aquí estoy en mi rincón de cielo
preguntándole a las nubes si te han visto
si saben algo de ti.
Esta no es noche de decir “te amo”
porque te has quedado dormida.
Esta no es noche de amor rojo
sino de calor azul.
Es noche de abrazarte por detrás
sin despertarte…
Es noche de velar tu siesta
de cuidar tu fiebre
de acariciar tu frente
de cerrar la ventana
por donde el viento inquieto entra
a jugar con tu cabello…
Es noche de tomar tu mano
para que en algún lugar de tu sueño
sepas que sigo aquí.
No sé en qué parte del día
te has quedado dormida.
No sé cuánto caminé besando tu espacio.
No sé cuánto le queda a esta noche
hasta que al llegar el nuevo día
brille otra vez el sol en tu rostro
y despiertes encontrándome dormido
al pie de tu cama…
te amo…
…donde quiera que estés…
Febrero 1998
« Aún No »
Amo el ruido
que no producen tus pasos
Amo el silencio
que no haces cuando me escuchas
Amo tus ojos
que no me miran
y tus manos
que no me acarician
Amo tu rostro
con el que no sueño
y el calor
que no me produce tu compañía
Amo las historias
que no me cuentas
y la sombra
que no produce tu cuerpo
cuando mi sombra no te abraza
ni te escucha, ni te habla
ni te mira, ni te toca
ni te sueña, ni te siente...
Enero 2000
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