No, no se trata de la esposa de superman, ni tampoco de algún personaje de historieta, aunque definitivamente si es la historia de una superhéroe, la más grande que he conocido y admirado. La que ha soportado miles de madrugadas y sacrificios, y que ha sido capaz de renunciar a todo. A tí, mamá, mi dama de acero, estas palabras que quizá recuerdes!
Entra la madrugada
y por el pasillo aún se escuchan tus pasos
velando por que todos duerman ya.
Un suspiro de paz cierra cada habitación
hasta que regrese el sol
y el bullicio devuelva la vida
a los ojos y sonrisas desaparecidas.
Tu escaso sueño fue el último en llegar
y será el primero en marcharse
cuando los átomos dormidos al levantarse
rompan el silencio y la soledad.
Despertará el mundo clamando por tus hijos
despertará la guerra que se los querrá llevar
y con tu mano en la tierra como voz de los vivos
derramarás tus lágrimas y tu corazón luchando por la paz
y harás del amor el único sentido
cuando no parezca quedar ya nada por qué luchar
sanando a tu hijo que ha caído
herido por la vida y la adversidad.
La tarde terminará
con sus últimos rayos de luz ocultos en una nube
y al anochecer regresarán tus héroes
cansados del día
decepcionados de la vida
y un abrazo, una palabra, repararán sus egos heridos
y les harán sonreír y volverlo a intentar.
La dama de acero cura enfermos,
soporta lágrimas, cuenta noches y sobrevive al día.
Al caer la noche todos dormirán una vez más
y tarde, de nuevo se escucharán los pasos...
—”Buenas noches, amor”
—”Buenas noches, mamá”
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